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viernes, 5 de septiembre de 2008

Venezuela, Ecuador y Bolivia: el efecto de los movimientos sociales

Venezuela, Ecuador y Bolivia: el efecto de los movimientos sociales

 

Lo que sucede en América Latina, con este aparente resurgir de la izquierda histórica, debe ser visto desde la óptica de las prácticas disruptivas de los movimientos sociales. Nos referimos a que las formas preponderantes de los modelos democráticos en latinoamérica, sustentados como estuvieron entre los años 60 y 90 del pasado siglo XX, sobre los partidos políticos falló rotundamente.

Los supuestos sobre los que debió construirse el accionar de los partidos políticos en Sudamérica (Colorado, demócratas cristianos, AD, Liberal, Conservador, peronista, por sólo nombrar algunos casos), la respuesta social, la capacidad de cohesión colectiva, la intermediación con las estructuras del Estado Nacional; todas ellas fracasaron y generaron una desbandada de los ciudadanos hacia su confianza en los partidos.

Esa huida ciudadana, acompañada como estuvo de acciones disruptivas - entendidas como formas de protesta y reto al status quo- impulsó la antipolítica  como expresión de la cultura política en todo el contexto espacial sudamericano. Con ello, se potenció formas de articulación social más allá de los espacios institucionalizados canalizados por y desde el partido político. La oportunidad política brindada a los movimientos sociales permitió el surgimiento de un descontento y desconfianza generalizada sobre la capacidad del liderazgo democrático surgido desde los partidos, para solucionar la crisis de expectativas de los ciudadanos. Por ello, acciones como la adelantada por los carapintadas en Argentina o las propiciadas por el propio Chávez, en Venezuela, durante 1992, no fueron percibidas negativamente, por lo menos no tanto considerando que pusieron en riesgo el sistema político en ambos países.

¿ Cómo entender esto? la respuesta debe ser múltiple. Por una parte las denominadas reformas de 1era generación, que derivaron en un agresivo proceso de privatización en toda latinoamérca, disminuyó la calidad de vida del ciudadano y minimizó la capacidad de intermediación del partido político, entre el ciudadano y el Estado. Ese espacio dejado libre por los partidos, aunado al descontento hacia las instituciones políticas, fue aprovechado para la articulación de movimientos sociales que reivindicaron la condición de ciudadanía social, entendida como reclamo para una mejor calidad de vida; aspecto esté que apareció lejano en el contexto privatizador de los años 90.

El retroceso electoral de los partidos históricos en toda Latinoamérica, debe ser vista como una manifestación del voto castigo contra la debilidad institucional de los partidos gobernantes y su endulcoramiento ideológico, que hizo posible la transformación del partido en un cascarón vacio y desvinculado de la realidad. En esas circunstancias, liderazgos carismáticos como el de Chávez, Menem, Fujimori, consiguieron un espacio para articularse como mecanismos colectivos de respuestas a la crisis de expectativas, generando movilización y apoyo a sus propuestas. Debemos eso sí, estar claros que el desenvolvimiento institucional no es igual para Fujimori, Menem o Chávez, sobre todo por aquello de tratar de encajarlos bajo la mirada conceptual del neopopulismo.

En este punto, hay que entender que los movimientos sociales exitosos en sus prácticas disruptivas, manejan lo que se denomina repertorios de protestas y acción que suelen ser emulados por otros movimientos sociales. Eso explica por qué Chávez, al tener éxito en el desplazamiento de  los actores tradicionales en Venezuela mediante la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en 1999, adelantará una reingeniería institucional que procuró - y logró en gran medida- desplazar de los cargos de representación política a los actores tradicionales. Esa reingeniería institucional, ha sido emulada por Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. No se trata de decir que son manipulados por Chávez, se trata que su accionar demostró la efectividad para los movimientos sociales del manejo de un discurso de ruptura con el viejo orden institucional y la posibilidad que tiene un discurso montado sobre la base del rescate de lo social, como tema de la agenda política.

El éxito de las misiones sociales en Venezuela, visto desde el tema de la incorporación de los excluidos ha sido emulado por parte de los demás presidentes, todo ello basado además en torno al planteamiento del nacionalismo petrolero. El hecho que el precio del barril de petróleo haya pasado de menos de 10 US$ por barril en 1998 a más de 100 US$ en este año, le da a Chávez, Morales y Correa una base de acción política que se traduce en una amenaza a los propios intereses de los grupos de poder en sus respectivos países.

No se trata de plantear que su accionar sea 100% correcto. Se trata de entender que responden a unas condiciones de cambio social que les ha permitido tener éxito electoralmente, al identificar a los electorados claves. Para Chávez, se trata de los estratos D y E, en condiciones de extrema pobreza que representaron el 82% del caudal electoral. Para Evo, se trató de las comunidades aymaras y quechuas, históricamente excluidas. Para Correa, se trató de los sectores sociales decepcionados con el retroceso del Estado Social. Todos ellos son casos evidentes de un accionar de los movimientos sociales, con marcos interpretativos que comparten elementos comunes: lucha contra la pobreza, el rescate de los político más allá de lo simplemente electoral, la incorporación de grupos de excluidos en la toma de decisiones públicas, el empoderamiento colectivo, la corresponsabilidad social, son sólo algunos de los temas.

Ahora bien, pensar que está reingeniería no produce resistencias es ilógico. Las primeras resistencias son internas. Los grupos de poder, que funcionan a través de redes de relaciones se resisten a ser desplazados. Internamente, se presenta la dificultad de la efectividad de las medidas colectivas tomadas por los respectivos líderes carismáticos y finalmente, se trata de la propia capacidad de diseñar una política pública transparente. Externamente, el reajuste institucional los enfrenta con los intereses económicos y geoestratégicos de las transnacionales y los propios intereses en la región de los EEUU. No se debe olvidar que Venezuela, Bolivia y Ecuador reúnen entre los tres (3) cerca del 12% de las reservas de petróleo del mundo, cerca del 6% de las reservas de gas, un aproximado de 3% de la reserva de bioma y cerca de un 5% de las reservas de agua potable. Todos ellos elementos estratégicos para el futuro de las naciones en el siglo XXI.

Los EEUU , han visto retroceder no sólo sus apoyos institucionales en buena parte del continente, además experimentan una grave situación económica derivada del hecho del enorme gasto energético que conlleva mantener movilizadas en situación de guerra a sus efectivos militares en Irak, Afganistán y otras partes del mundo. Estamos hablando que cada soldado movilizado gasta un promedio de 60 litros de gasolina diarios, Los EEUU tiene más de 184.000 en Irak, unos 85.000 en Afganistán y unos 33.000 más en otras partes del mundo. Todo ello se traduce en un gasto energético que supera los 15.000.000 de litros diarios, a un costo estimado cada litro de 1,20 US$. Se trata de una cifra que somete a una situación de inseguridad a todo el aparato institucional de los EEUU. Ante esto, gobiernos como el de Chávez, Evo y Correa resultan, por decir lo menos, molestos y de ahí las resistencias externas.

Todo esto nos permite entender la conflictividad actual y futura del área sudamericana en estos años. Pero debe ser objeto de una discusión seria, acerca de los modelos de democracia, el papel de los partidos y el accionar de la sociedad civil. De nuevo, es una oportunidad extraordinaria para el análisis de lo inmediato.

 

Dr. Juan E. Romero

La Universidad del Zulia

Historiador 27/08/2008 

  1.  

Izquierda en América latina


Izquierda en América latina

¿Vieja y Nueva Izquierda en Latinoamérica?

El año 2006, fue muy movido: elecciones en Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Nicaragua, Chile y Venezuela, llamaron la atención del mundo. De todas ellas, surgió el planteamiento del surgimiento de una ola de gobiernos de izquierdas en toda la región. La pregunta obligatoria es: ¿ qué tanta coincidencia existe entre Lula, Bachellet, Correa, Evo Morales y Chávez?, ¿ comulgan todos con los mismos planteamientos?. La respuesta es un contundente no. Y no se trata, de reproducir el planteamiento de Teodoro Petkoff, en cuanto existe una izquierda borbónica y otra moderna. Se trata de entender, que las interpretaciones y el contexto socio-histórico es muy diverso en cada uno de esos espacios.

El caso emblemático es Brasil y su presidente Lula da Silva. La composición multiétnica, compleja y conflictiva de la sociedad brasileña, donde perviven rasgos de segregación muy fuerte, de exclusión social y sociocentrismo, es un factor que incide en la interpretación que hace Lula de las ideas derivadas del planteamiento de Marx, Lenín y Stalín. Otro elemento, es que la economía del gigante del Sur, ha alcanzado unos niveles altísimos. El crecimiento del PIB de Brasil entre 2004-2005-2006 fue de 4.9, 2.3 y 4 respectivamente, que sin duda es significativo y permite entender la colocación de ese país entre las ocho (8) economías más sólidas del mundo. Ese crecimiento hace que la idea de socialismo, y el papel que Lula les asigna a los partidos de izquierda, particularmente al Partido de los Trabajadores (PT) sea completamente diferente. De hecho, en la campaña de Brasil, una de sus principales críticas surgió de una militante del PT.

Para Brasil, hablar de socialismo, del papel de la izquierda se hace muy difícil, por cuanto el planteamiento teórico que esbozan no afecta en nada la estructura del estado nacional, en lo que respecta a la explotación del trabajo y la generación de ganancias. Para Lula, avanzar en torno a los postulados de Marx, en lo que tiene que ver con la modificación de las contradicciones del Estado Nacional Burgués no es posible, por el contexto del desarrollo de las fuerzas económicas.

Los casos de Ecuador y Bolivia, son diferentes. Sí bien ambos países tienen sociedades muy complejas, en lo relativo a la multietnicidad, a las condiciones de pobreza, los desequilibrios en la distribución de la riqueza y el impacto de las compañías trasnacionales, sus democracias entran en el marco de las denominadas "democracias étnicas", que no son más que procesos de ascenso de movimientos sociales indígenas de reconocimiento de sus derechos socio-políticos y de un empoderamiento ciudadano generalizado. Rafael Correa y Evo Morales, no tienen las posibilidades de crecimiento económico y prosperidad de Brasil.

La economía de Ecuador, entre el 2004,2005, 2006 y 2007, experimentó un PIB de 7.6, 3.9, 3 y 2.5 %, respectivamente; cifras nada halagadoras. Esas variaciones en el desarrollo económico, la presión de un ciclo de protestas que en ese país le ha costado la presidencia a diversos gobernantes (Bucaram, entre otros), son propicias para avanzar en una propuesta de construcción del socialismo, que ataque esencialmente las formas de distribución mediante la mediación del estado, como gran protector del capital privada.

Para la Bolivia de Evo Morales, se presenta un panorama parecido. El PIB entre el 2004,2005, 2006 y el 2007 (proyecciones estimadas), es de 3.6, 4.1, 3.3 y 3%. Esas condiciones económicas le generan una presión social, que en su caso se suman a los diversos impactos que tiene una nación con enormes diferencias regionales, y con un proceso de integración social y ciudadana aun deficitario. En ese contexto, las ideas de un socialismo que impulse una modificación de las formas que el Estado Nacional adquiere en la distribución de los beneficios generados por la explotación del Gas y la producción de hojas de Coca, cobra una utilidad política de primer orden. De nuevo - sin caer en determinismos económicos- las condiciones económicas son esenciales para entender los modelos que toma la izquierda en Latinoamérica.

El caso de Venezuela, es también emblemático. Cuando Chávez llega al poder en 1998, la economía venezolana viene de un constante deterioro, con variaciones en el PIB muy significativas. Desde 2004, el PIB de Venezuela, ha pasado de 17.9% en ese año, a 9.3 % en 2005, 7 en 2006 y un nada mal 4.5% proyectado para el 2007 (Datos del Informe de la CEPAL). Los procesos de inversión social, a través del empleo de los cuantiosos recursos provenientes del boom petrolero en políticas sociales mediante las misiones sociales, le ha creado una base de apoyo popular enorme.

En ese contexto, Chávez lanza en el 2007, una propuesta de avance en torno al Socialismo del Siglo XXI, mediante una Ley Habilitante, que incluya emisión de un conjunto de leyes claves (Educación, Hidrocarburos, Economía, Fuerzas Armadas, Ley de División Territorial, entre otras) en la modificación de las condiciones del Estado.En el caso de Chile, el papel que tienen las fuerzas sociales afianzadas en el poder económico y político durante la dictadura de Pinochet, conjuntamente con las propias condiciones del acuerdo de la concertación que llevaron al poder a Bachellet, la llevan a proponer un socialismo más cercano a un modelo socialdemócrata que a otra propuesta. En definitiva, al contrario de lo señalado por algunos analistas, las diferencias en las condiciones socio-históricas en Latinoamérica, sólo generan un punto en común: el retroceso de las fuerzas ligadas al (neo)liberalismo, en los sistemas políticos en estas sociedades. De resto, las posibilidades de coincidencias en lo que respecta al modelo socialista aun están muy lejos, falta ver el alcance de las reformas o cambios en la estructura y el papel de esos Estados nacionales y su papel en el contexto económico mundial.

Dr. Juan E. Romero

Historiador/Profesor LUZ

1/2/2007

 

jueves, 4 de septiembre de 2008

Bolivia: crónica de un conflicto anunciado

BOLIVIA: CRÓNICA DE UN CONFLICTO ANUNCIADO

Hay veces en que el oficio de historiador resulta muy pesado, sobre todo cuando en base a la aplicación de la prospectiva y la interpretación de los procesos sociales vemos aproximarse el conflicto social. En el caso de Bolivia, anunciábamos en una de nuestras columnas pasadas la eventual conflictividad en nuestro hermano país.
Era de esperarse: Bolivia se encuentra en un momento clave de la reacción de la izquierda emergente en Latinoamérica. En su espacio territorial se viene desarrollando una experiencia histórica para el Altiplano Andino, que corresponde a la máxima expresión de la irrupción de movimientos sociales indígenas, que reivindican su derecho a organizarse y ser responsables de la dirección de las gestiones públicas, echan atrás más de cinco (5) siglos de exclusión y sometimiento. Esta situación impacta las relaciones de poder y las redes de intereses que han prevalecido en su historia republicana.
Las expresiones segregacionistas, sociocéntricas manifestadas por el prefecto de Santa Cruz revelan los profundos odios raciales presentes en el país fundado por Bolívar y Sucre. Se trata de cómo una élite ligada a la explotación de los recursos naturales para su propio beneficio, se siente amenazada ante las nuevas líneas definitorias de las acciones estatales establecidas en el proyecto de Constitución presentado por la Asamblea Nacional Constituyente. Hay una contundente confrontación sustentada en dos visiones antagónicas de la sociedad boliviana; por un lado nos encontramos la perspectiva de integración social de unos espacios que históricamente habían estado segregados y sometidos; que en esta coyuntura crítica se asumen como reivindicativos de sus raíces culturales aymaras y entienden que es necesario el control social sobre las escasas bondades económicas existentes. Por la otra parte, nos vemos frente a las iniciativas foráneas que emplean los vehículos de siempre: empresarios, medios de comunicación y movimientos sociales enmascarados en un discurso democrático, pero que en sus manifestaciones se revelan profundamente intolerantes y antidemocráticos.
Nos es casual, que cuando procedemos a realizar análisis comparativos nos encontramos en Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador una misma matriz: sectores económicos, históricamente poderosos que se resisten a los procesos de cambio y democratización de las bases económicas de la sociedad, que trabajando conjuntamente con movimientos sociales – conformados por jóvenes de diversos origen social- asumen la “defensa” de valores individuales, en una perspectiva esencialmente liberal acerca del bienestar individual sobre el colectivo. Todo ello matizado a través de los medios de comunicación que le brindan su apoyo irrestricto. Sin embargo, lo más grave ocurre detrás de las sombras: el apoyo trasnacional mediante el financiamiento a organizaciones y movimientos sociales bajo la excusa de programas de fortalecimiento democrático, auspiciados incluso desde el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Cabe preguntarse: ¿ porque esta conflictividad en este momento?. La respuesta es múltiple y en parte ya la hemos asomado: la iniciativa de democratizar y ampliar los procesos de reconocimiento de la ciudadanía cultural, entendido como la incorporación de grupos sociales y étnicos socialmente desplazados de la toma de decisiones y del ejercicio del poder, a pesar de ser mayorías numéricas. Eso se traduce en una verdadera apertura democrática nunca antes existente, pero sobre todo es un cambio cultural difícil de entender en sociedades con estructuras de castas como Bolivia: que los sujetos sin voz se alcen y transformen en actores sociales contundentes y dinámicos, sin importar sus orígenes étnicos o su herencia familiar.
Hay otro factor de especial relevancia y está asociado al momento de cambio geopolítico que experimenta Latinoamérica. Los países desarrollados, organizados en el llamado G-8, disponen cada vez de menos fuentes de energía. La mayoría del consumo energético global – casi el 80%- se va, sectorialmente hablando, en transporte e industrias, ligados al desarrollo capitalista. Menos del 30% se dedica al consumo en hogares, escuelas, hospitales y otras áreas importantes. Las grandes áreas de explotación petrolera, las zonas ubicadas en Asia central y Oriental, medio oriente, entre otras zonas conocidas como “el creciente mayor” se encuentra sometidas a una conflictividad enorme, aspecto este que dificulta contar con una producción constante de energía amén de aumentar los costos de producción. En este punto se inserta la realidad latinoamericana: Bolivia, Ecuador, Venezuela , Colombia y Brasil constituyen el denominado “creciente menor”, que cuenta con importantes reservas estratégicas en gas y petróleo que lo convierte en centro de atención por los países industrializados.
La provincia de Santa Cruz, no sólo es la más importante en recursos gasíferos e hidrocarburos, por otro lado reúne buena parte de las tierras productivas del país y con ella la otra gran potencialidad de Bolivia: la producción de soja. Adicionalmente es la puerta de entrada de nuestro hermano país al área amazónica que cuenta con importantes reservas hídricas. En definitiva la zona agrupa los dos factores esenciales de las confrontaciones geopolíticas en este siglo XXI: agua y petróleo.
La estrategia adelantada con el referendo – írrito e ilegal al hacerse fuera de la constitución boliviana- repite parte de las acciones emprendidas en torno al antiguo Departamento del Darién en Colombia y que a principio del siglo XX permitiría el surgimiento de nuestro hermano Panamá. Se trata de organizar grupos cívicos que en nombre de la “autonomía” y contra el “abandono centralista” proponen y exaltan una identidad regional que se asume contraria al espíritu nacional. Se reivindican las diferencialidades locales y con ella se construye un clivaje – o enfrentamiento- nación vs región. En ese enfrentamiento se organiza – con base a apoyos financieros diversos-grupos sociales que impulsan y elevan esas diferencialidades, enmascarando con ello una idea base de la propuesta neoliberal: la reducción del papel del Estado y la privatización de las explotaciones mineras. Llama poderosamente la atención que el discurso del Comité Cívico de Santa Cruz, coincide con el discurso autonomista de Manuel Rosales y otros grupos que impulsan estatutos autonomistas, que bajo la mascarada liberal contribuyen a separatismos y fanatismos regionales.
Se trata de comprender como en este contexto geopolítico de principios del siglo XXI nos encontramos en una coyuntura crítica, donde las acciones del capital trasnacional, interesado en controlar los recursos mineros estratégicos, pasan por organizar movimientos sociales, que con estrategias disruptivas y de reto al poder establecido buscan dividir e impulsar dinámicas contrarias a la ampliación e inclusión democrática de las minorías étnicas y sociales. En Bolivia, donde entre el No y la abstención cerca del 50% se resistió a la falsa autonomía, se encuentra Latinoamérica con el trance de la disgregación y la dispersión social impulsada desde el exterior, habrá que asumir una dura defensa de la integración en este momento histórico.

Dr. Juan E. Romero
Historiador7profesor universitario
Juane1208@gmail.com
04/0572008

Ajuste Socio-político en América Latina

Ajuste Socio-político en América Latina
Ajustes Institucionales en América Latina
Las elecciones desarrolladas en América latina durante el 2006, no solo significaron la irrupción de nuevos actores étnicos (Evo Morales, Rafael Correa), la ratificación de actores políticos de gran liderazgo (Chávez y Lula), sino que se traducen en un reajuste institucional que pone en jaque la estructura del Estado Nacional Dependiente, estructurado durante todo el siglo XX en nuestras latitudes.
El primero que comienza el proceso de ajuste estructural, fue Chávez, que se ha convertido después de Fidel Castro, en el patriarca político de la izquierda latinoamericana. El proceso Constituyente convocado en 1999, se tradujo en un dinámica de desplazamiento de los actores políticos tradicionales, que no supieron responder a las condiciones de emergencia social imperantes en la región. Sin embargo, el Proceso Constituyente no altero para nada la estructura de explotación del Estado Dependiente. Las formas de protección del capital privado, la estructura productiva sigue estando igual que antes de la llegada al poder de Chávez. Por eso, en su juramentación para el periodo 2007-2013 Chávez anuncio una radical reforma del Estado, que propende a disminuir la incidencia y protección del estado Nacional sobre las formas de apropiación de los excedentes productivos.
El ejemplo marcado por Venezuela, es decir, iniciar la Reforma con la convocatoria de una Constituyente, ha sido seguida por los presidentes de Bolivia, Evo Morales y del Ecuador, Rafael Correa. Para ambos mandatarios, dadas las condiciones de dificultad económica y movilización social en que han llegado al poder, este proceso se puede traducir en una pugna alrededor del control del poder legislativo y la promulgación de las nuevas condiciones socio-políticas de cohabitación entre viejos y nuevos actores sociales.
Para Evo Morales, la situación es más delicada que para Rafael Correa, debido al elemento de presión determinado por la presencia de transnacionales ligadas al negocio de explotación de las fuentes de hidrocarburos (Gas) en Bolivia. Sin embargo, para Correa las condiciones de polarización política que experimenta la sociedad ecuatoriana no son nada fáciles. En ambos casos, se observa una gran expectativa de la población indígena tradicionalmente marginada del accionar de los gobernantes en esos países.
En este sentido, el apoyo económico y político vertido desde la presidencia de Chávez es sustancial para ambos mandatarios. No se trata de afirmar que se conviertan en un "satélite chavista", tal como ha sido afirmado por sectores en Bolivia y el Ecuador. Se trata de entender, que todos esos procesos caen dentro de una oleada de cambio, impulsada por movimientos sociales imbuidos en las ideas de la resistencia a la globalización, que han creado estrategias disruptivas efectivas, reproducidas por diversas organizaciones sociales y políticas, desplazando del poder a factores tradicionales.
Chávez, Morales y Correa, tienen la oportunidad de construir una relación Estado-sociedad civil- movimientos sociales, que vaya más allá de las formas de explotación establecidas durante muchos siglos en América Latina. Su éxito depende de los niveles de participación y movilización, asociados al mismo tiempo a un reajuste en las formas de distribución de la riqueza de manera mas equitativa. Mantener las expectativas de cambio, satisfacerlas o no, es el gran reto que enfrentan en este ajuste estructural que se plantean, mas aun si consideramos las difíciles condiciones internacionales en que las plantean.
La administración Bush parece decidida a iniciar una escalada contra "los populismos radicales", tal como ha sido expresado por Condolezza Rice, que son vistos como movimientos socio-políticos "peligrosos" para el modelo de democracia procedimental impulsado desde Washington. En virtud de las limitaciones para actuar directamente, los EEUU han optado por la estrategia del apoyo de factores o fuerzas políticas en el interior de Bolivia, Venezuela y Ecuador, destinadas a obstaculizar los procesos de ajuste estructural. Este accionar, ya demostró en el caso de Venezuela, una gran conflictividad social (tal como quedo evidenciado en los hechos de 2002-2003), para los casos de Bolivia y Ecuador es de esperar reacciones violentas, que ya han aparecido en el caso de Bolivia y uno de los gobernadores opuestos a la Constituyente. Para los Latinoamericanos en general, estas experiencias arrojan luces sobre las posibilidades de construcción de alternativas sociales y políticas a los intentos de dominación de EEUU, pero habrá que hacerles un seguimiento a las estrategias que dispongan las fuerzas sociales nucleadas alrededor de esos liderazgos "populistas radicales" para resistir la intervención - no directa- de los EEUU.
Juan Eduardo Romero J.
Historiador- La Universidad del Zulia
Venezuela
14/02/2007

BOLIVIA Y VENEZUELA, EVO Y CHÁVEZ


BOLIVIA Y VENEZUELA, EVO Y CHÁVEZ

Venezuela y Bolivia mantienen más de un elemento de comparación histórica. Por un lado se trata de dos liderazgos construidos sobre la crisis institucional de sus respectivos sistemas políticos. En lo que respecta a Bolivia, los partidos históricos, asociados a la explotación de las mayorías étnicas (aymaras, quechuas) se habían confabulado para impedir que estos actores históricos asumieran un protagonismo en la direccionalidad de la agenda política en el país fundado en honor a Bolívar. En el caso de Venezuela, los partidos históricos surgidos a partir de la década de los años 40 del pasado siglo XX, se habían repartido el poder y usufructuado los beneficios del Estado. En ambas situaciones, surgió un liderazgo basado en la antipolítica, entendida como rechazo a las formas de participación mediante la mediación de los partidos tradicionales.
Evo Morales, a través del Movimiento al Socialismo (MAS) y Hugo Chávez mediante el movimiento Quinta república (MVR), conformaron unos movimientos sociales que adquirieron representación política y fueron desplazando, con un discurso radical de cambio, a los actores políticos tradicionales que no fueron capaces de construir un discurso político que llegará a representar los intereses de grupos de electores claves en los procesos políticos. Chávez, con un discurso dirigido a los estratos D y E, que son cerca del 82% del electorado y Evo, con un discurso cuyo sujeto protagónico son las mayorías indígenas lograron catapultarse al poder. Al hacerlo, se han enfrentado a un conjunto de relaciones de poder, actores e instituciones que se niegan a perder sus privilegios y por lo tanto se articulan para resistirse. Ambos gobernantes optaron por los mismos mecanismos de cambios: la convocatoria a una Asamblea Nacional constituyente. Chávez fue el primero en aplicarlo y el primero en sentir las acciones – más bien reacciones - de resistencias de los bloques de poder. Evo, ha experimentado una primera muestra de esas resistencias. Y decimos primera, pues estamos seguros que la conflictividad social manifestada por quienes tradicionalmente han disfrutado de los beneficios de la explotación de las riquezas minerales de Bolivia, actuaran bajo nuevos esquemas.
Ya Chávez experimentó los rigores que devienen de la articulación de los factores de resistencia. Las acciones desarrolladas entre 2001- 2003 en nuestro país son una muestra de conflictividad social. Las reacciones a la convocatoria de la Constituyente en Bolivia, concretada mediante el intento ilegítimo de las prefecturas de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija entre otras, para promulgar un estatuto autónomo más allá de la legalidad constitucional, son una demostración concreta. En los casos de Venezuela y Bolivia, los mecanismos de democracia directa, como el referendo, en sus diversas manifestaciones han mostrado la efectividad que pueden tener para minimizar los conflictos. Cómo se recordará, Chávez en una decisión política inteligente acudió a un referendo revocatorio en agosto de 2004, convocatoria que le abrió un ciclo de gobernabilidad que sucedió a una dinámica que se vislumbraba violenta. En el caso de Bolivia, la convocatoria mediante decreto- ley de un referendo revocatorio le da un nuevo aire de gobernabilidad, pues aumentó el apoyo con el que salió elegido en el año 2005 Evo Morales.
Chávez y Evo, comparten además un árbol ideológico común, derivado de su condición de nacionalistas energéticos. Los dos presidentes han reivindicado los derechos de sus respectivas administraciones sobre el control ejercido en las actividades de extracción, procesamiento y comercialización de hidrocarburos. Sus posiciones nacionalistas son incómodas para los intereses foráneos y la problemática derivada de las crecientes necesidades de combustibles fósiles y la escasa capacidad productiva de los países que integran el denominado G-8.
Ese nacionalismo petrolero, es decir el énfasis en el control energético o lo que también se ha dado en llamar diplomacia del petróleo, se ha transformado en un factor perturbador a los intereses norteamericanos en la zona y hace esperar el inicio de un nuevo ciclo de conflictividad entre los gobiernos nacionalistas de Ecuador, Bolivia y Venezuela con los EEUU. La ratificación de Evo, constituye un sólido golpe a los intentos de generar desestabilización en Sudamérica, sobre todos en los países que han adelantado procesos de reinstitucionalización, y deja abiertas nuevas tácticas para desarticular a gobiernos con apoyo popular. Asistimos a una etapa de conflictividad internacional que tiene como eje articulador el tema energético. La única respuesta surge de los movimientos populares y su capacidad de organización y resistencia. Somos testigos excepcionales de un momento histórico que llama a la reflexión crítica y nos brinda a los científicos sociales una oportunidad para el análisis e interpretación de procesos que suceden en tiempo real. Es el momento para ratificar la llamada historia inmediata, que piensa y reflexiona el mundo de lo vivido.

Dr. Juan Eduardo Romero
La Universidad del Zulia
Juane1208@gmail.com
10/08/2008