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jueves, 6 de mayo de 2010

PLAN COLOMBIA II Y LA GEOPOLÍTICA DE VENEZUELA

PLAN COLOMBIA II. IMPLICACIONES GEOPOLÍTICAS PARA AMÉRICA LATINA

EL CONTEXTO GEOPOLÍTICO DE FINALES DEL SIGLO XX

El anuncio de la instalación de un conjunto de bases militares en territorio colombiano, con el apoyo, presencia y asesoría norteamericana no debe ser visto en forma descontextualizada. Toda la dinámica obedece a un marco general, que se ubica en el denominado Proyect for The New American Century (PNAC) o Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, formulado en 1992, esencialmente por dos (2) personajes muy destacados en el gobierno de George W. Bush: Paúl Wolfowitz y Donald Rumsfeld. En él se identificaban los retos para la Seguridad y Defensa de los EEUU en los inicios del siglo XXI, haciendo hincapié en la necesidad de obtener un mayor control sobre las fuentes abastecedoras de petróleo a la economía y la industria norteamericana.
De tal forma, que el PNAC identificó las prioridades a desarrollar por la política exterior norteamericana en los años finales del siglo XX y principio del XXI. Entre las acciones del PNAC, se estableció la necesidad de fortalecer los lazos estratégicos con países latinoamericanos, impulsando al mismo tiempo proyectos de integración económica. El lapso comprendido entre la formulación del PNAC y su configuración estratégica en el gobierno de George W. Bush, sirvió para hacer una propuesta mucho más ambiciosa, que derivó en la pretensión de obtener una hegemonía política, militar y económica en todo el contexto mundial. Los acontecimientos que terminaron con los sucesos del 11 de septiembre de 2001, le otorgaron a los EEUU la excusa perfecta para adelantar la completa implementación de los postulados del PNAC.
La geopolítica de los EEUU insistió en la preponderancia militar y la asociación estratégica con los denominados “estados tapón” o “estados de contención”, ubicados en espacios estratégicos-territoriales considerados claves para los intereses de los EEUU. En este marco, es que surge la propuesta de ejecución del Plan Colombia, inicialmente planteado y desarrollado entre 1998-2007, que incluyó – en función del logro de los objetivos de fortalecimiento militar-estratégico de los EEUU en la región- la instalación, entrenamiento y equipamiento de nuevos grupos de combate en las fuerzas armadas colombianas. Militarmente se tradujo en: 1) instalación y puesta en funcionamiento de cinco (5) radares en zonas diversas de Colombia (Isla de San Andrés, Riohacha, Vichada, San José de Guaviare y Leticia), 2) conformación de Brigadas de Acción Rápida (BAR) destinadas a movilizar un conjunto de efectivos militares con gran poder de fuego y acción contrainsurgente y 3) reforzamiento de bases militares ubicadas en Tres Esquinas (Putumayo, frontera con Ecuador) y Tolima. Detrás de toda la excusa de la lucha contra el narcotráfico se encuentran jugosos contratos económicos coordinados por empresas transnacionales norteamericanas tales como DynCorp (entrenamiento de militares y policías), Lockheed Martin (radares y mantenimiento aviones), Bell Helicopter Textron (venta y mantenimiento de helicópteros Blackhaw), Sikorsky Aircraf (equipamiento y venta helicópteros de combate), que han permitido que Colombia incremente su capacidad militar y su poderío de reacción ofensiva, creando serios desequilibrios estratégicos en Sudamérica.
El SIGNIFICADO DEL PLAN COLOMBIA II

La 1era fase del Plan Colombia, desarrollada hasta el 2006, incluyó una inversión de 10 mil 700 millones de dólares, que permitió aumentar la capacidad militar de Colombia, elevando sus fuerzas armadas por encima de 400.000 efectivos, una cifra muy superior a los 160.000 militares con que contaba antes de 1998. La II Fase del Plan Colombia, denominada Estrategia para el Fortalecimiento de la Democracia y el Desarrollo Social, significa una inversión de 43 mil 800 millones US$, la mayoría en equipamiento, mantenimiento y fortalecimiento de la estructura militar. No se debe perder de vista, que esta fase tiene como epicentro de acción las zonas fronterizas con Ecuador y Venezuela, aumentando la tensión entre el gobierno de Uribe con Chávez y Correa.
El alcance de esta fase del Plan Colombia, no ha sido suficientemente explicado por parte de las autoridades colombianas, quienes se han negado a la circulación pública de los términos del acuerdo con los EEUU, uno de los aspectos del controvertido Plan. Ello ha generado enormes resistencias, provenientes del Consejo de Defensa Sudamericano de la recién creada Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organismo impulsado desde la convergencia geopolítica de Venezuela y Brasil, con la anuencia y apoyo de los presidentes de Bolivia (Evo Morales) y Ecuador (Rafael Correa), así como de Cristina de Kisnher (Argentina).
Hay un aspecto adicional que hasta ahora no ha sido muy nombrado, es el tema de los yacimientos de hidrocarburos existentes en el Golfo de Venezuela. Como se sabe, Colombia mantiene una controversia con Venezuela producto de la reclamación de espacios marítimos (plataforma continental, mar territorial y zona económica exclusiva) en esa localidad geográfica. La reclamación se basa en el hecho que Colombia cuenta con 36 kilometros de costa en el Golfo, derivado de la distancia existente en Punta Espada (sitio donde comienza el Golfo de Venezuela) y Castillete (frontera colombo-venezolana/hito N° 1). Esa exigencia histórica de Colombia, adquiere mayor peso al considerar el hecho que en esa zona se han descubierto enormes yacimientos de petróleo y tomando en consideración que los informes de la Agencia Internacional de Energía (AIE) señalan que a nuestro vecino le quedan poco menos de 40 años de reservas de hidrocarburos, se comprenderá la gravedad del desarrollo de los planes militares en el Caribe por parte de Colombia y los EEUU, para la geopolítica energética del gobierno de Hugo Chávez.
Sí esto no es suficiente, no podemos dejar de señalar que esa Fase II, conlleva el reforzamiento de las bases establecidas en la Amazonía colombiana, con lo cual la amenaza de la presencia militar se extiende hacia Brasil. A todo ello, debe sumársele el clima antinorteamericano propiciado por una izquierda que tiene copado el escenario electoral en toda Sudamérica, con lo que terminamos en una situación de gran tensión para los inicios de la 2da década del siglo XXI.

Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador e investigador
Juane1208@gmail.com

lunes, 12 de abril de 2010

CHÁVEZ Y EL FIN DE LA DOCTRINA MONROE

CHÁVEZ Y EL FIN DE LA DOCTRINA MONROE

La reciente gira por Europa señala un aspecto de la geopolítica de América Latina de la cual habíamos resaltado algunos elementos. Se trata de la culminación de la Doctrina Monroe en el contexto geográfico latinoamericano y sus implicaciones tanto para EEUU como para el resto de los países de Centro, Suramérica y El Caribe.
Como es de todos conocidos, James Monroe presidente de los EEUU entre 1817-1825 formuló estas líneas de acción del gobierno norteamericano que se resumen en tres acciones: 1) negativa a permitir nuevas colonizaciones europeas en América, 2) abstención de los EEUU en los asuntos de Europa y 3) no intervención de los europeos en los gobiernos de América latina. Esas tres acciones se tradujeron y complementaron con las expansiones territoriales de norteamericanas, principalmente a costa de territorio mexicano, la compra de Luisiana a Francia y la adquisición de la Florida a España; con ellas los EEUU se enrumbó a la consolidación de una hegemonía en la región que se ha visto disminuida en los últimos años.
El gobierno de George W. Bush, ha escogido tener una mayor prioridad para otros espacios geográficos, constreñidos al denominado “creciente mayor” (Asia Central y Oriental, Medio Oriente) en donde tiene intereses asociados al tema petróleo y que le ha permitido intervenir en dos de las mayores reservas energéticas del mundo (Afganistán e Irak). Sin embargo, esa selección ha tenido su costo geopolítico, que se manifestó en la introducción de capitales europeos y asiáticos con inversiones estratégicas en áreas económicas vitales, principalmente asociada con recursos naturales de gran valor geopolítico (carbón, petróleo, gas, puertos, vías de comunicación). Acompañando este proceso nos encontramos una dinámica institucional de surgimiento de nacionalismos petroleros de nuevo tipo en América Latina, principalmente signada por una conciencia histórica del significado geopolítico de los recursos energéticos que disponen. Gobiernos como los de Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, han levantado la bandera de la defensa de los recursos petroleros y lo han empleado para lograr mayores beneficios económicos para sus ciudadanos.
Estos principios de defensa de la soberanía energética, se han enfrentado con la pretensión norteamericana de mantener un espacio de intervención a través de la acción ejecutada por las fuerzas armadas colombianas, que han sido laboratorio de aplicación de la denominada revolución en armamento militar (RAM), que se traduce en la utilización de los avances en ciencia y tecnología en el área militar. Este desequilibrio generado por Colombia en su asociación militar y estratégica con EEUU ha derivado en el acercamiento con otros focos de la arquitectura mundial o del sistema- mundo, particularmente con países como Rusia y China, que tienen interés en el acceso a explotación conjunta de hidrocarburos y gases, y que además han prestado asesoría y apoyo militar a nuestro país y a otros en el área. El resultado de esta modificación de la tradicional área de intervención norteamericana, aunado al surgimiento de países enmarcados en políticas nacionalistas ha derivado en la culminación de la Doctrina Monroe.
Como parte de esa culminación, el gobierno de Chávez adelanta acercamiento con otras áreas estratégicas mundiales. El contacto y alianza estratégica con Rusia y China( que a su vez tienen vínculos comerciales con Brasil y Brasil con nosotros), para generar proyectos conjuntos que se traducen en un incremento de la inversión de esas naciones en áreas asociadas al petróleo y el gas, aunado a la incorporación cada vez mayor de países europeos (Portugal, España, Francia, Italia) en la conformación de proyectos conjuntos de explotación, exploración y refinación de petróleo. No hay que olvidar, que en la medida que se produce la certificación del petróleo pesado de la faja del Orinoco, que nos coloca con un potencial superior a los 270.000 millones de millones de barriles de crudo (cerca de un 25% de las reservas mundiales, superando a Arabia saudita que tiene 180.000 millones de millones), nuestro país cobra mayor significado estratégico. Estas alianzas, que acaba de firmar colocan un cimiento más el entierro de la hegemonía dominante de los EEUU en la región, y abre nuevos espacios para el desarrollo de políticas independientes y de integración sur- sur. En este contexto es que debe ser vista la gira de Chávez a Europa. Asistimos a un momento clave en la nueva arquitectura mundial que hay que seguir con mucha atención.

Dr. Juan Eduardo Romero
La Universidad del Zulia
Historiador
Juane1208@gmail.com
28/07/2008

jueves, 4 de septiembre de 2008

Bolivia: crónica de un conflicto anunciado

BOLIVIA: CRÓNICA DE UN CONFLICTO ANUNCIADO

Hay veces en que el oficio de historiador resulta muy pesado, sobre todo cuando en base a la aplicación de la prospectiva y la interpretación de los procesos sociales vemos aproximarse el conflicto social. En el caso de Bolivia, anunciábamos en una de nuestras columnas pasadas la eventual conflictividad en nuestro hermano país.
Era de esperarse: Bolivia se encuentra en un momento clave de la reacción de la izquierda emergente en Latinoamérica. En su espacio territorial se viene desarrollando una experiencia histórica para el Altiplano Andino, que corresponde a la máxima expresión de la irrupción de movimientos sociales indígenas, que reivindican su derecho a organizarse y ser responsables de la dirección de las gestiones públicas, echan atrás más de cinco (5) siglos de exclusión y sometimiento. Esta situación impacta las relaciones de poder y las redes de intereses que han prevalecido en su historia republicana.
Las expresiones segregacionistas, sociocéntricas manifestadas por el prefecto de Santa Cruz revelan los profundos odios raciales presentes en el país fundado por Bolívar y Sucre. Se trata de cómo una élite ligada a la explotación de los recursos naturales para su propio beneficio, se siente amenazada ante las nuevas líneas definitorias de las acciones estatales establecidas en el proyecto de Constitución presentado por la Asamblea Nacional Constituyente. Hay una contundente confrontación sustentada en dos visiones antagónicas de la sociedad boliviana; por un lado nos encontramos la perspectiva de integración social de unos espacios que históricamente habían estado segregados y sometidos; que en esta coyuntura crítica se asumen como reivindicativos de sus raíces culturales aymaras y entienden que es necesario el control social sobre las escasas bondades económicas existentes. Por la otra parte, nos vemos frente a las iniciativas foráneas que emplean los vehículos de siempre: empresarios, medios de comunicación y movimientos sociales enmascarados en un discurso democrático, pero que en sus manifestaciones se revelan profundamente intolerantes y antidemocráticos.
Nos es casual, que cuando procedemos a realizar análisis comparativos nos encontramos en Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador una misma matriz: sectores económicos, históricamente poderosos que se resisten a los procesos de cambio y democratización de las bases económicas de la sociedad, que trabajando conjuntamente con movimientos sociales – conformados por jóvenes de diversos origen social- asumen la “defensa” de valores individuales, en una perspectiva esencialmente liberal acerca del bienestar individual sobre el colectivo. Todo ello matizado a través de los medios de comunicación que le brindan su apoyo irrestricto. Sin embargo, lo más grave ocurre detrás de las sombras: el apoyo trasnacional mediante el financiamiento a organizaciones y movimientos sociales bajo la excusa de programas de fortalecimiento democrático, auspiciados incluso desde el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Cabe preguntarse: ¿ porque esta conflictividad en este momento?. La respuesta es múltiple y en parte ya la hemos asomado: la iniciativa de democratizar y ampliar los procesos de reconocimiento de la ciudadanía cultural, entendido como la incorporación de grupos sociales y étnicos socialmente desplazados de la toma de decisiones y del ejercicio del poder, a pesar de ser mayorías numéricas. Eso se traduce en una verdadera apertura democrática nunca antes existente, pero sobre todo es un cambio cultural difícil de entender en sociedades con estructuras de castas como Bolivia: que los sujetos sin voz se alcen y transformen en actores sociales contundentes y dinámicos, sin importar sus orígenes étnicos o su herencia familiar.
Hay otro factor de especial relevancia y está asociado al momento de cambio geopolítico que experimenta Latinoamérica. Los países desarrollados, organizados en el llamado G-8, disponen cada vez de menos fuentes de energía. La mayoría del consumo energético global – casi el 80%- se va, sectorialmente hablando, en transporte e industrias, ligados al desarrollo capitalista. Menos del 30% se dedica al consumo en hogares, escuelas, hospitales y otras áreas importantes. Las grandes áreas de explotación petrolera, las zonas ubicadas en Asia central y Oriental, medio oriente, entre otras zonas conocidas como “el creciente mayor” se encuentra sometidas a una conflictividad enorme, aspecto este que dificulta contar con una producción constante de energía amén de aumentar los costos de producción. En este punto se inserta la realidad latinoamericana: Bolivia, Ecuador, Venezuela , Colombia y Brasil constituyen el denominado “creciente menor”, que cuenta con importantes reservas estratégicas en gas y petróleo que lo convierte en centro de atención por los países industrializados.
La provincia de Santa Cruz, no sólo es la más importante en recursos gasíferos e hidrocarburos, por otro lado reúne buena parte de las tierras productivas del país y con ella la otra gran potencialidad de Bolivia: la producción de soja. Adicionalmente es la puerta de entrada de nuestro hermano país al área amazónica que cuenta con importantes reservas hídricas. En definitiva la zona agrupa los dos factores esenciales de las confrontaciones geopolíticas en este siglo XXI: agua y petróleo.
La estrategia adelantada con el referendo – írrito e ilegal al hacerse fuera de la constitución boliviana- repite parte de las acciones emprendidas en torno al antiguo Departamento del Darién en Colombia y que a principio del siglo XX permitiría el surgimiento de nuestro hermano Panamá. Se trata de organizar grupos cívicos que en nombre de la “autonomía” y contra el “abandono centralista” proponen y exaltan una identidad regional que se asume contraria al espíritu nacional. Se reivindican las diferencialidades locales y con ella se construye un clivaje – o enfrentamiento- nación vs región. En ese enfrentamiento se organiza – con base a apoyos financieros diversos-grupos sociales que impulsan y elevan esas diferencialidades, enmascarando con ello una idea base de la propuesta neoliberal: la reducción del papel del Estado y la privatización de las explotaciones mineras. Llama poderosamente la atención que el discurso del Comité Cívico de Santa Cruz, coincide con el discurso autonomista de Manuel Rosales y otros grupos que impulsan estatutos autonomistas, que bajo la mascarada liberal contribuyen a separatismos y fanatismos regionales.
Se trata de comprender como en este contexto geopolítico de principios del siglo XXI nos encontramos en una coyuntura crítica, donde las acciones del capital trasnacional, interesado en controlar los recursos mineros estratégicos, pasan por organizar movimientos sociales, que con estrategias disruptivas y de reto al poder establecido buscan dividir e impulsar dinámicas contrarias a la ampliación e inclusión democrática de las minorías étnicas y sociales. En Bolivia, donde entre el No y la abstención cerca del 50% se resistió a la falsa autonomía, se encuentra Latinoamérica con el trance de la disgregación y la dispersión social impulsada desde el exterior, habrá que asumir una dura defensa de la integración en este momento histórico.

Dr. Juan E. Romero
Historiador7profesor universitario
Juane1208@gmail.com
04/0572008

CHÁVEZ Y EL FIN DE LA DOCTRINA MONROE


CHÁVEZ Y EL FIN DE LA DOCTRINA MONROE

La reciente gira por Europa señala un aspecto de la geopolítica de América Latina de la cual habíamos resaltado algunos elementos. Se trata de la culminación de la Doctrina Monroe en el contexto geográfico latinoamericano y sus implicaciones tanto para EEUU como para el resto de los países de Centro, Suramérica y El Caribe.
Como es de todos conocidos, James Monroe presidente de los EEUU entre 1817-1825 formuló estas líneas de acción del gobierno norteamericano que se resumen en tres acciones: 1) negativa a permitir nuevas colonizaciones europeas en América, 2) abstención de los EEUU en los asuntos de Europa y 3) no intervención de los europeos en los gobiernos de América latina. Esas tres acciones se tradujeron y complementaron con las expansiones territoriales de norteamericanas, principalmente a costa de territorio mexicano, la compra de Luisiana a Francia y la adquisición de la Florida a España; con ellas los EEUU se enrumbó a la consolidación de una hegemonía en la región que se ha visto disminuida en los últimos años.
El gobierno de George W. Bush, ha escogido tener una mayor prioridad para otros espacios geográficos, constreñidos al denominado “creciente mayor” (Asia Central y Oriental, Medio Oriente) en donde tiene intereses asociados al tema petróleo y que le ha permitido intervenir en dos de las mayores reservas energéticas del mundo (Afganistán e Irak). Sin embargo, esa selección ha tenido su costo geopolítico, que se manifestó en la introducción de capitales europeos y asiáticos con inversiones estratégicas en áreas económicas vitales, principalmente asociada con recursos naturales de gran valor geopolítico (carbón, petróleo, gas, puertos, vías de comunicación). Acompañando este proceso nos encontramos una dinámica institucional de surgimiento de nacionalismos petroleros de nuevo tipo en América Latina, principalmente signada por una conciencia histórica del significado geopolítico de los recursos energéticos que disponen. Gobiernos como los de Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, han levantado la bandera de la defensa de los recursos petroleros y lo han empleado para lograr mayores beneficios económicos para sus ciudadanos.
Estos principios de defensa de la soberanía energética, se han enfrentado con la pretensión norteamericana de mantener un espacio de intervención a través de la acción ejecutada por las fuerzas armadas colombianas, que han sido laboratorio de aplicación de la denominada revolución en armamento militar (RAM), que se traduce en la utilización de los avances en ciencia y tecnología en el área militar. Este desequilibrio generado por Colombia en su asociación militar y estratégica con EEUU ha derivado en el acercamiento con otros focos de la arquitectura mundial o del sistema- mundo, particularmente con países como Rusia y China, que tienen interés en el acceso a explotación conjunta de hidrocarburos y gases, y que además han prestado asesoría y apoyo militar a nuestro país y a otros en el área. El resultado de esta modificación de la tradicional área de intervención norteamericana, aunado al surgimiento de países enmarcados en políticas nacionalistas ha derivado en la culminación de la Doctrina Monroe.
Como parte de esa culminación, el gobierno de Chávez adelanta acercamiento con otras áreas estratégicas mundiales. El contacto y alianza estratégica con Rusia y China( que a su vez tienen vínculos comerciales con Brasil y Brasil con nosotros), para generar proyectos conjuntos que se traducen en un incremento de la inversión de esas naciones en áreas asociadas al petróleo y el gas, aunado a la incorporación cada vez mayor de países europeos (Portugal, España, Francia, Italia) en la conformación de proyectos conjuntos de explotación, exploración y refinación de petróleo. No hay que olvidar, que en la medida que se produce la certificación del petróleo pesado de la faja del Orinoco, que nos coloca con un potencial superior a los 270.000 millones de millones de barriles de crudo (cerca de un 25% de las reservas mundiales, superando a Arabia saudita que tiene 180.000 millones de millones), nuestro país cobra mayor significado estratégico. Estas alianzas, que acaba de firmar colocan un cimiento más el entierro de la hegemonía dominante de los EEUU en la región, y abre nuevos espacios para el desarrollo de políticas independientes y de integración sur- sur. En este contexto es que debe ser vista la gira de Chávez a Europa. Asistimos a un momento clave en la nueva arquitectura mundial que hay que seguir con mucha atención.

Dr. Juan Eduardo Romero
La Universidad del Zulia
Historiador
Juane1208@gmail.com
28/07/2008

BOLIVIA Y VENEZUELA, EVO Y CHÁVEZ


BOLIVIA Y VENEZUELA, EVO Y CHÁVEZ

Venezuela y Bolivia mantienen más de un elemento de comparación histórica. Por un lado se trata de dos liderazgos construidos sobre la crisis institucional de sus respectivos sistemas políticos. En lo que respecta a Bolivia, los partidos históricos, asociados a la explotación de las mayorías étnicas (aymaras, quechuas) se habían confabulado para impedir que estos actores históricos asumieran un protagonismo en la direccionalidad de la agenda política en el país fundado en honor a Bolívar. En el caso de Venezuela, los partidos históricos surgidos a partir de la década de los años 40 del pasado siglo XX, se habían repartido el poder y usufructuado los beneficios del Estado. En ambas situaciones, surgió un liderazgo basado en la antipolítica, entendida como rechazo a las formas de participación mediante la mediación de los partidos tradicionales.
Evo Morales, a través del Movimiento al Socialismo (MAS) y Hugo Chávez mediante el movimiento Quinta república (MVR), conformaron unos movimientos sociales que adquirieron representación política y fueron desplazando, con un discurso radical de cambio, a los actores políticos tradicionales que no fueron capaces de construir un discurso político que llegará a representar los intereses de grupos de electores claves en los procesos políticos. Chávez, con un discurso dirigido a los estratos D y E, que son cerca del 82% del electorado y Evo, con un discurso cuyo sujeto protagónico son las mayorías indígenas lograron catapultarse al poder. Al hacerlo, se han enfrentado a un conjunto de relaciones de poder, actores e instituciones que se niegan a perder sus privilegios y por lo tanto se articulan para resistirse. Ambos gobernantes optaron por los mismos mecanismos de cambios: la convocatoria a una Asamblea Nacional constituyente. Chávez fue el primero en aplicarlo y el primero en sentir las acciones – más bien reacciones - de resistencias de los bloques de poder. Evo, ha experimentado una primera muestra de esas resistencias. Y decimos primera, pues estamos seguros que la conflictividad social manifestada por quienes tradicionalmente han disfrutado de los beneficios de la explotación de las riquezas minerales de Bolivia, actuaran bajo nuevos esquemas.
Ya Chávez experimentó los rigores que devienen de la articulación de los factores de resistencia. Las acciones desarrolladas entre 2001- 2003 en nuestro país son una muestra de conflictividad social. Las reacciones a la convocatoria de la Constituyente en Bolivia, concretada mediante el intento ilegítimo de las prefecturas de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija entre otras, para promulgar un estatuto autónomo más allá de la legalidad constitucional, son una demostración concreta. En los casos de Venezuela y Bolivia, los mecanismos de democracia directa, como el referendo, en sus diversas manifestaciones han mostrado la efectividad que pueden tener para minimizar los conflictos. Cómo se recordará, Chávez en una decisión política inteligente acudió a un referendo revocatorio en agosto de 2004, convocatoria que le abrió un ciclo de gobernabilidad que sucedió a una dinámica que se vislumbraba violenta. En el caso de Bolivia, la convocatoria mediante decreto- ley de un referendo revocatorio le da un nuevo aire de gobernabilidad, pues aumentó el apoyo con el que salió elegido en el año 2005 Evo Morales.
Chávez y Evo, comparten además un árbol ideológico común, derivado de su condición de nacionalistas energéticos. Los dos presidentes han reivindicado los derechos de sus respectivas administraciones sobre el control ejercido en las actividades de extracción, procesamiento y comercialización de hidrocarburos. Sus posiciones nacionalistas son incómodas para los intereses foráneos y la problemática derivada de las crecientes necesidades de combustibles fósiles y la escasa capacidad productiva de los países que integran el denominado G-8.
Ese nacionalismo petrolero, es decir el énfasis en el control energético o lo que también se ha dado en llamar diplomacia del petróleo, se ha transformado en un factor perturbador a los intereses norteamericanos en la zona y hace esperar el inicio de un nuevo ciclo de conflictividad entre los gobiernos nacionalistas de Ecuador, Bolivia y Venezuela con los EEUU. La ratificación de Evo, constituye un sólido golpe a los intentos de generar desestabilización en Sudamérica, sobre todos en los países que han adelantado procesos de reinstitucionalización, y deja abiertas nuevas tácticas para desarticular a gobiernos con apoyo popular. Asistimos a una etapa de conflictividad internacional que tiene como eje articulador el tema energético. La única respuesta surge de los movimientos populares y su capacidad de organización y resistencia. Somos testigos excepcionales de un momento histórico que llama a la reflexión crítica y nos brinda a los científicos sociales una oportunidad para el análisis e interpretación de procesos que suceden en tiempo real. Es el momento para ratificar la llamada historia inmediata, que piensa y reflexiona el mundo de lo vivido.

Dr. Juan Eduardo Romero
La Universidad del Zulia
Juane1208@gmail.com
10/08/2008